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Antiguos cultivos conservados para las generaciones futuras en un depósito de semillas en el ÁrticoVariedades de papas, que se creían perdidas, fueron dadas a conocer a todo el mundo por los pueblos andinos y serán salvaguardadas para siempre 28 de agosto de 2015, Svalbard, Noruega – Distintas variedades de papa -uno de los cultivos básicos más importantes del mundo- quedarán almacenadas a perpetuidad en las profundidades del hielo del Ártico. El Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), José Graziano da Silva, participa hoy junto a científicos y delegaciones de Perú, Costa Rica y Noruega en la celebración de un acto que ayudará a preservar estos cultivos vitales para generaciones futuras. La iniciativa tiene lugar en el Depósito Mundial de Semillas de Svalbard, (Svalbard Global Seed Vault) una instalación situada en el permafrost (capa de hielo subterránea, ndr) al norte del Círculo Polar Ártico, que en la actualidad cuenta con más de 860 000 semillas de cultivos alimentarios de todo el mundo. Su funcionamiento está financiado conjuntamente por el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos (Global Crop Diversity Trust) -cuya misión es conservar la diversidad de cultivos del planeta para la seguridad alimentaria de las generaciones actuales y futuras-, y el gobierno de Noruega. Representantes de las comunidades indígenas andinas que colaboraron para establecer el Parque de la Papa, en Cuzco, Perú, depositarán 750 semillas de papa. Estas semillas son el resultado de los proyectos de distribución de beneficios con el apoyo de Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, de la FAO. Los campesinos están acompañados por científicos del Centro de Investigación Agrícola de la Universidad de Costa Rica, que aportan también parientes silvestres de la papa a la colección de agrobiodiversidad más importante del mundo. La papa: un gigante humilde La papa se originó en los Andes de América del Sur. A través de los siglos, los agricultores andinos han cultivado más de 2 000 variedades en todas las formas, colores y tamaños. Además, hay docenas de parientes silvestres de la papa repartidos desde Uruguay a Arizona. La papa es ahora el tercer alimento más consumido en el mundo, proporcionando sustento a más de 1 000 millones de personas. Este admirable tubérculo, bajo en grasa y rico en proteínas, calcio y vitamina C, se cultiva en todos los continentes habitados por el hombre. Sin embargo, el cambio climático y enfermedades como el tizón de la papa -que causa pérdidas en este cultivo por valor de 8 500 millones de dólares EEUU cada año solo en los países en desarrollo- representan un desafío importante para este recurso natural de incalculable valor, al igual que la modernización de la agricultura y los cambios en el uso de la tierra. En las últimas décadas se han perdido muchas variedades de papa, tanto para las comunidades andinas en las que se originaron, como para la humanidad en su conjunto. En respuesta, una coalición de socios locales, regionales e internacionales unieron sus fuerzas para reintroducir variedades de papa sobre el terreno, y preservar estos recursos fitogenéticos vitales en bancos de germoplasma. El Centro Internacional de la Papa (CIP) -con sede en Perú y que alberga la colección de variedades de papa más grande del mundo-, trabaja para preservar y reintroducir la diversidad de papas en colaboración con iniciativas locales y regionales en todo el mundo. En colaboración con la Asociación ANDES-IIED y el Parque de la Papa, desde 2002 ha entregado más de 400 muestras de papas a las comunidades indígenas. Un tratado internacional ayuda a compartir los beneficios La puesta en común de estos recursos fitogenéticos a nivel internacional se ve facilitada por el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura. Por ejemplo, con financiación del Fondo de Distribución de Beneficios del Tratado –y el apoyo del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos-, los agricultores que participan en el Parque de la Papa aprendieron a polinizar sus papas y recolectar semillas para su almacenamiento. Algunas de las semillas se utilizaron para desarrollar nuevas variedades para alimentar a sus comunidades, mientras que otras se prepararon y enviaron a Svalbard para ser incluidas hoy en el Depósito Mundial. Graziano da Silva, y los representantes de Perú y Costa Rica fueron recibidos por Marie Haga, Directora ejecutiva del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos y Hanne Maren Blaafjelldal, Secretaria de Estado del Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega, se internarán a las 17h50 en el almacenamiento subterráneo para depositar las semillas. Un esfuerzo compartido, un bien común Fundado hace diez años por la FAO y el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos es una organización internacional dedicada exclusivamente a la protección de la diversidad de cultivos del mundo. Con este fin, se está tratando de recaudar un total de 500 millones de dólares EEUU, que garantizarán el mantenimiento y el acceso a importantes colecciones internacionales de plantas de enorme importancia para nuestro suministro de alimentos, incluido el de CIP. Noruega es uno de los mayores defensores de la labor del Fondo Mundial. En la actualidad, financia un proyecto global de 10 años que busca salvaguardar los parientes silvestres de los cultivos alimentarios importantes. Y gracias al generoso apoyo del pueblo y el gobierno noruego, el Depósito Mundial de semillas se ha convertido en realidad. Ya desde el período 2006-11, cuando dirigía la Oficina Regional de la FAO para América Latina, Graziano da Silva ha apoyado activamente las iniciativas de conservación de cultivos, incluyendo el Parque de la Papa. Hoy, cuatro años más tarde -y a muchos kilómetros de los Andes- se encarga de supervisar el depósito de semillas que asegure la diversidad de la papa será salvaguardada en el futuro. La combinación de la conservación in situ sobre el terreno -incluyendo los bancos de semillas comunitarios-, con la preservación ex situ en bancos internacionales de genes -que combinan la tradición de siglos de antigüedad con la ciencia de vanguardia- está cerrando ahora el círculo. Los agricultores locales que cultivan variedades que se creían perdidas, están compartiendo una variada colección de papas –un bien común global- con el mundo, asegurándose que copias de seguridad se conservan de forma segura en la tundra ártica de Svalbard, de forma que nunca vuelvan a perderse. Luis Felipe Arauz Cavallini, Ministro de Agriculutura y Ganadería de Costa Rica José Graziano da Silva, Director General, FAO
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