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La erradicación no pone fin a la lucha contra la peste bovina
La FAO y la OIE lanzan un plan de acción para mantener al mundo libre de esta mortífera plaga
19 de noviembre de 2018, París/Roma –
Dos organismos internacionales han exhortado a los países a permanecer alerta ante la posible reaparición de la peste bovina, una mortífera enfermedad del ganado.
La peste bovina fue declarada erradicada en 2011, lo que la convierte en la primera enfermedad animal en ser eliminada en la historia de la humanidad. Durante siglos, la peste bovina ha causado
la muerte a millones de vacas, búfalos, yak y animales silvestres, lo que condujo a hambrunas y al hambre. La FAO y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) piden ahora a los países que eliminen las últimas muestras de virus de la peste bovina que aún
se conservan en algunos laboratorios. Para mantener al mundo libre de la enfermad y evitar cualquier posible reintroducción, los dos organismos han desarrollado un Plan de Acción Mundial, hecho público hoy. Este plan pretende ser una guía que detalle las responsabilidades
de todos los países involucrados para mantener al planeta libre de la peste bovina.
“La erradicación de la peste bovina ha contribuido de manera importante a la seguridad alimentaria y la nutrición en todo el mundo, y debemos trabajar juntos para mantener este logro”, aseguró Bukar
Tijani, Director General Adjunto de la FAO al frente del Departamento de Agricultura y Protección del Consumidor. “Tenemos que seguir vigilantes –añadió- y asegurar que contamos con la capacidad de actuar rápidamente si, por alguna razón, vuelve a aparecer”.
“La actual ausencia de la peste bovina sobre el terreno significa que los rebaños de ganado serían muy vulnerables en caso de que reaparezca, causando un daño y un deterioro importante a la seguridad
y la inocuidad alimentaria en todo el mundo”, advirtió por su parte Matthew Stone, Director General Adjunto a cargo de “Normas internacionales y Ciencia” en la OIE, organismo que se estableció en 1924 en gran medida para acabar con la peste bovina.
El Plan de Acción Mundial abarca cinco fases: preparación, prevención, detección, respuesta y recuperación. Ya que la peste bovina ha sido erradicada, el plan de acción para abordar el riesgo de
reaparición difiere de otros planes dirigidos a combatir las enfermedades animales transfronterizas.
Ello implica mantener a los actores de primera línea al tanto de la enfermedad y la posibilidad de que vuelva a emerger. Ya se han aplicado varias medidas para lograr este objetivo, como la campaña
de comunicación de la OIE “Nunca más”, dirigida al personal de laboratorio, veterinarios y estudiantes.
El Plan de Acción Mundial significa también optimizar la capacidad para hacer que las herramientas de diagnóstico y las vacunas estén disponibles si se necesitan, y un plan de emergencia coordinado
que pueda activarse de inmediato frente a la aparición del primer caso confirmado, asegurando tanto un rápido retorno a la erradicación total de la enfermedad como el apoyo necesario para los medios de vida afectados. Todas estas fases requieren ser desarrolladas
a nivel nacional, regional e internacional.
Deshacerse del material restante
Una de las razones por las que las capacidades de diagnóstico y de vacuna frente a la peste bovina son bajas, es que la campaña de erradicación prohibió el uso del virus, excepto en experimentos
muy controlados supervisados por la OIE y la FAO.
Sin embargo, todavía hay algunas instituciones repartidas por el mundo que tienen material con contenido viral de la peste bovina (RVCM, por sus siglas en inglés), incluidas vacunas antiguas. Estas
muestras tienen que destruirse o trasladarse a laboratorios seguros. En contraste, las muestras del virus de la viruela -la única otra enfermedad infecciosa que se ha erradicado de forma oficial-, existen en solo dos zonas de almacenamiento designadas como
lugares seguros.
Idealmente, los países podrían optar por destruir el RVCM que conservan, y la FAO y la OIE lideran un programa que les ayuda a hacerlo. Las dos organizaciones apoyan igualmente a instituciones clave
donde las muestras -que podrían ser útiles para obtener vacunas en una emergencia-, pueden almacenarse de manera segura. De forma alternativa, los países podrían mejorar sus instalaciones de almacenamiento de conformidad con los protocolos de supervisión de
la FAO y la OIE.
Hasta ahora, sin embargo, el progreso en la eliminación de este material residual ha sido lento. Tan solo en la Unión Africana se ha alcanzado un acuerdo regional para agrupar todas las muestras
de virus en un único lugar de almacenamiento seleccionado.
Erradicado un flagelo milenario
La peste bovina –denominada también
rinderpest o peste del ganado-, ha sido un flagelo durante milenios y ha matado a millones de animales, incluidas algunas especies silvestres. Forma parte de un grupo de virus que incluye el moquillo
canino, la peste de los pequeños rumiantes y el virus del sarampión en los humanos.
Tras causar estragos en Europa y Asia durante siglos, las invasiones coloniales trajeron la enfermedad a África, donde provocaron graves daños a finales del siglo XIX, diezmando a las comunidades
de pastores, y provocando una crisis que en Etiopía meridional se conoció como “ciinna” (el “exterminio total” del ganado). Ello provocó una reorganización de los ecosistemas y, a menudo, facilitó
la ocupación colonial. Su erradicación permite hoy que el continente evite pérdidas de 920 millones de dólares EEUU al año, según cálculos de la FAO.
A mediados del siglo XX creó una vacuna, pero se necesitaron algunas décadas más para desarrollar una versión que pudiera sobrevivir a las variaciones de temperatura en los países tropicales. Los
pastores mismos jugaron un papel fundamental en la campaña de erradicación, gracias a su profundo conocimiento local y su disposición a trasladarse en circunstancias adversas a áreas remotas.
La FAO y la OIE están utilizando el exitoso programa de erradicación de la peste bovina como modelo para una nueva campaña para librar al mundo de la
peste de los pequeños rumiantes, una enfermedad relacionada que afecta a las ovejas y las cabras, causando pérdidas de hasta 2 100 millones de dólares EEUU anuales, que soportan en su mayoría los
agricultores en pequeña escala. |
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